Aún se recuerda la voz angustiosa de Gregorio Parra en TVE durante los maratones de Rotterdam 98 y 99, cuando Fabián Roncero estuvo a punto de batir el récord del mundo. Al final, sólo los calambres impidieron batir esa marca a un atleta genial e inolvidable como Fabián, al que se conocía como el 'keniata de Canillejas'.  Corría como vivía, sin miedo al pánico ni a la tentación. Por eso desafió al mundo entero, incluso al gobierno de Haile Gebrsselassie, en aquellos 10.000 metros del Mundial de Edmonton 2001. Es sin duda un atleta #123acorrer.

Entonces, Fabián acababa de ser el único europeo en bajar de la hora en medio maratón (59.52 en Berlín).

Logró incluso el bronce en el Europeo de cross 2002 corriendo descalzo, tras perder la zapatilla en plena prueba. Este tipo de cosas solo le pasaban a Fabián Roncero, quizá el atleta más imprevisible que ha dado este país.

Considerado un ídolo para muchos, en su barrio se construyó un pabellón con su nombre, e incluso se ha publicado su biografía, 'Media vida corriendo', que es como la Biblia para el corredor popular.

Seguramente fueron las lesiones las que redujeron el mito de Roncero. De hecho, cuando se esperaba lo mejor de él ya que estaba en la mejor edad, los problemas musculares le pasaron factura de manera encadenada. Pero eso le hizo más fuerte para el resto de su vida, su discurso es prácticamente una apología del optimismo.

Aún es el atleta que más rápido ha corrido tanto los 10 kilómetros como la media maratón en España.

Retirado del atletismo de elite, a sus 45 años Roncero continúa participando en carreras populares, como ha sido la Media Maratón de Santander el pasado marzo. Actualmente, con su residencia fijada en Santander, dirige diversas escuelas de atletismo en Cantabria.