El deportista español más grande de todos los tiempos. Hablar de Miguel Induráin es hablar de una de las leyendas del deporte español y de un ciclista irrepetible. El gran campeón navarro es ejemplo de la constancia, el esfuerzo y el sacrificio que representa el deporte moderno. Todo un referente para cualquier persona que se disponga a hacer deporte.

 

Desde muy pequeño, la afición de Miguel Induráin por la bicicleta derivaba en buenos resultados en las pruebas de categorías inferiores en las que competía. Había madera de campeón en aquel joven de Villava que en 1984 daría el paso al profesionalismo. Un paso que fue duro, porque Induráin tuvo que bregar en sus primeros años buscando victorias en carreras como el Tour del Porvenir, del que resultó campeón en 1985.

 

No fue hasta finales de los años 80 cuando  se empezó a dilucidar el gran futuro que le esperaba al ciclista navarro. Las victorias en etapas del Tour de Francia, además de pruebas de primer nivel como la París-Niza, la Clásica de San Sebastián o el Critérium Internacional, forjaron a un Induráin que ya empezaba a verse como el próximo dominador de las carreteras, aunque su confirmación llegaría en 1991.

 

Ese año, Induráin llegaba al Tour de Francia como ‘tapado’ ante los grandes favoritos de la época. Los expertos daban a los Bugno, LeMond, Delgado, Fignon o Chiapucci como favoritos para la gran ronda gala. Pero fue en la estación de esquí de Val Louron donde Miguel Induráin maravilló al mundo. Aquél chico de Villava iba a reventar la etapa que comenzaba en Jaca y se iba a vestir de amarillo. Un amarillo que conservó hasta llegar a los Campos Elíseos de París y confirmar su victoria en el Tour de Francia. La primera victoria de las cinco que iban a llegar entre ese año y 1995.

 

Durante cinco años, Induráin consiguió paralizar a un país dispuesto a seguir sus hazañas en las carreteras de todo el mundo. Dos Giros de Italia consecutivos en 1992 y 1993, unidos con espectáculo año tras año en el Tour de Francia y en grandes etapas en las que Miguelón pegaba al país a la televisión, e incluso un Récord de la Hora en 1994 que quedará grabado como una de las grandes gestas del deporte español.

 

Un palmarés envidiable que en 1996 iba a ver la última gran victoria de Induráin a nivel internacional: la medalla de oro lograda en la contrarreloj individual de los Juegos Olímpicos de Atlanta. El mejor broche posible a la trayectoria del deportista español más grande de la Historia. El hombre que paralizó a un país.

La figura de Miguel Induráin sigue siendo un reclamo en todos los eventos a los que acude. Prueba de ello fue su participación en la última edición de la Santander Triathlon Series de Sevilla. Haciendo equipo con dos campeones mundiales de renombre como Mireia Belmonte y Abel Antón, el ciclista navarro culminó una excelente prueba en la que resultó campeón del triatlón olímpico por relevos.

 

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