Hoy en #123acorrer os traemos la historia curiosa de un gran triatleta. Curiosa porque en un país en el que prácticamente sólo se juega al rugby, cricket y netball, resulta muy interesante encontrar un triatleta de este nivel. Para que nos hagamos una idea, podríamos comparar esta historia a la de Carolina Marín en nuestro país.

Bevan Docherty comenzó a practicar deporte desde pequeño. Al principio hacía solo atletismo, cuándo surgió en su escuela la oportunidad de apuntarse a un triatlón. A Docherty, que simplemente correr le parecía un poco aburrido, le pareció una gran oportunidad y se apuntó sin pensarlo.

Desde esa prueba quedó enamorado de este deporte y comenzó a entrenar con la ilusión de seguir mejorando. Lo que Bevan no imaginaba es el tremendo nivel que posteriormente alcanzaría. Profesional desde 1997, Docherty tuvo una extensa carrera de 18 años en la élite en la que consiguió grandes resultados.

Destacamos dos puntos importantes dentro de su carrera: el primero en los Juegos Olímpicos del año 2004, en los que consiguió una plata; el otro en ese mismo año en el  Campeonato Mundial en Funchal (Portugal). Dos resultados que le colocaban entre los mejores del triatlón Mundial.

Pasaron cuatros años en los que Docherty ganó algunas pruebas pero no consiguió triunfos de renombre. Como si estuviera esperando especialmente a ellos, volvieron los Juegos Olímpicos y volvió el éxito. En el año 2008 Bevan logró la medalla de bronce en los Juegos Olímpicos de Pekín 2008 y la segunda posición en el Campeonato Mundial de Vancouver 2008.

Tras estos triunfos, Docherty decidió cambiar de distancia pasando al Ironman. No se sabe si por las continuas lesiones o por otro motivo pero los resultados no fueron los esperados.  A los 38 años y con un físico ya muy castigado decidió retirarse, dejando eso sí, grandes momentos para la historia del triatlón.