En primer lugar, hay que destacar que para conseguir un buen rendimiento hay que saber organizarse para encontrar días de descanso en tu rutina deportiva. Si haces deporte todos los días y no racionas tu descanso puedes conseguir el efecto contrario, pudiendo sufrir lesiones debido a la fatiga y cansancio acumulado. Es recomendable que te marques uno o dos días de completo descanso o, al menos, de un descanso liviano, como puede ser el andar o hacer senderismo.

Tras la actividad física, el echarse la siesta es más beneficioso de lo que puede parecer. Te ayudará a recuperar los músculos, tejidos y huesos que has estado forzando en tu práctica deportiva. Eso sí, la siesta hay que saber administrarla. Si te excedes en la duración puedes conseguir el efecto contrario, ya que cuando vayas a dormir por la noche tendrás más dificultad para conciliar el sueño. Intenta que esta dure entre 45 y 90 minutos y sea entre las 13h y las 16h. De esta manera, evitarás que tanto la siesta como la hora de dormir no estén muy contiguas en el tiempo.

Si hablamos de la duración de esta última siempre se ha recomendado dormir una media de ocho horas al día. Si duermes ese tiempo, le darás tiempo a tu cuerpo a reactivarse y a recuperar la energía necesaria para afrontar un nuevo día.

Si dormimos regularmente las horas recomendadas, obtendrás una mayor concentración y por tanto, tu rendimiento será mejor. Y si a dormir bien, le añades una vida saludable y una práctica deportiva responsable que se adecue a tus posibilidades, tu rutina será la envidia de todo tu entorno. ¡Esfuérzate al máximo que luego llegará el merecido descanso!